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Neurociencia de la procrastinación: cómo combatirla y aumentar la productividad

Imagen generada con IA

¿Alguna vez has tenido una tarea importante que hacer, pero en lugar de ponerte a trabajar, te has distraído con otras cosas menos urgentes o más placenteras? Si la respuesta es sí, no te sientas mal: la procrastinación es un fenómeno muy común y humano, que afecta a casi todo el mundo en algún momento de su vida.

La procrastinación o dilación, el acto de postergar o posponer tareas o responsabilidades, retrasando su realización a pesar de ser conscientes de las consecuencias negativas de dicha demora, es una conducta en la que casi todos incurrimos alguna vez, y se ha convertido en uno de los mayores enemigos para la productividad.

Para los procrastinadores habituales, que representan aproximadamente el 20% de la población, siempre hay un buen motivo para aplazar lo que sea que hay que hacer, y lo han convertido en una conducta crónica. El «no tengo ganas» llega a tener prioridad sobre sus objetivos o responsabilidades, y puede llevarlos a una espiral descendente de emociones negativas que disuaden aún más los esfuerzos futuros. Cuando todas esas tareas pendientes se amontonan en una lista interminable, tienen enormes dificultades para terminar lo que comenzaron y aparecen la ansiedad, el estrés y el arrepentimiento de no haberlo hecho cuando se tenía tiempo.

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13 buenos hábitos para aprender a escuchar

caracolas y silencio

Constantemente se habla de comunicación pero, curiosamente, la mayoría de las veces sólo se hace refiriéndose a la manera de transmitir una determinada información. Pocas veces se profundiza en su esencia, en la escucha, lo que no es más que una muestra de que se le da menos importancia. Y eso que es el factor fundamental en el arte de la persuasión.

Para empezar es conveniente diferenciar entre:

Escuchar significa usar el sentido del oído para captar información o cualquier sonido del entorno. En la mayoría de los casos no pasa de oír, acto físico que normalmente no podemos evitar.

Escuchar atentamente es un acto volitivo que consiste en prestar una atención especial a la información, que llega a través del canal auditivo, para tratar de entenderla, analizarla, sintetizarla, criticarla/cuestionarla e incorporarla o no, a nuestras propias ideas y conceptos.

Muchas situaciones cotidianas no gratas en las relaciones familiares, en nuestro trabajo, con los amigos…, se podrían evitar si escucháramos mejor. Tanto a los demás, como a nuestra voz interior. Y es que la mayoría de las veces, por muy diferentes razones, no prestamos la adecuada atención a lo que sucede a nuestro alrededor, a lo que nos dicen los demás, y menos aún a lo que nos decimos a nosotros mismos, dejándonos llevar por impulsos irreflexivos y actuando de forma automática.

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