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La importancia de la educación financiera en la vida cotidiana

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En un mundo globalizado económicamente y con unos sistemas financieros cada vez más desarrollados, con un importante aumento en la oferta de productos y servicios financieros, algunos con un alto grado de complejidad —recordemos las preferentes—, la educación financiera se ha convertido en un tema cada vez más importante en nuestra vida cotidiana. Es absolutamente fundamental tener la capacidad de manejar nuestro dinero de manera efectiva y tomar decisiones económicas informadas y responsables para alcanzar nuestras metas financieras a largo plazo y mejorar nuestra calidad de vida.

La educación financiera se refiere al conocimiento y habilidades necesarias —abarca temas importantes de economía, finanzas, matemáticas y análisis— para tener una comprensión clara de los conceptos financieros básicos: presupuesto, ahorro, inversión, crédito, acciones, bonos, fondos de inversión…, y saber cómo aplicar esos conocimientos en la vida cotidiana.

Aunque puede parecer algo lejano, aburrido o sin sentido, está presente en cada aspecto de la vida y deberíamos verla como una gran aliada y una herramienta muy eficiente para tomar el control de nuestras finanzas, proteger a ahorradores e inversores, evitar situaciones perjudiciales como el endeudamiento, la quiebra y el fraude económico, y aumentar la estabilidad y el desarrollo del sistema económico y financiero.

Pero, desafortunadamente, tal y como he podido constatar en muchos de mis cursos y talleres y diferentes estudios ponen recurrentemente de manifiesto —ya en 2005 la OCDE recomendaba desarrollar programas de difusión explicando los conceptos básicos entre la población general— el nivel de cultura financiera está muy lejos de ser el adecuado.

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¿Por qué, en general, fallan los programas de formación en liderazgo y habilidades?

Fracaso programas liderazgos

«Si la educación te parece cara, prueba con la ignorancia«. Derek C. Bok, rector de la Universidad de Harvard entre 1971 y 1991.

Muchas veces, durante los últimos años, al terminar un programa de formación con directivos, me he preguntado, como probablemente lo habrán hecho muchos directores generales y responsables de recursos humanos y de formación, si el tiempo, el esfuerzo y el dinero invertidos fueron rentables y, en general, mi sensación siempre suele ser la misma: NO.

Visto así, superficialmente y sin hacer ningún tipo de análisis, la respuesta es dramática y nos llevaría a una conclusión absolutamente errónea: las acciones de formación en liderazgo y habilidades sirven para poco y no compensan los recursos invertidos. No debemos olvidar que para conseguir cambios de mentalidades, hábitos y comportamientos hay que hacer muchas más cosas que enviar a una serie de personas a un programa de formación para que desarrollen sus competencias.

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Liderazgo, personas, talento y otras cosas

Casi nadie duda de la importancia de los líderes en las organizaciones a la hora de conseguir los objetivos propuestos y llevarlas hacia el éxito. Sin embargo, cuando sus actuaciones no se apoyan en estrategias sólidas, dirigidas a consolidar un liderazgo fuerte y eficaz, generalmente las conducen al fracaso.

Hace unos días, en un curso de negociación, un alumno me comentó que en su empresa la poca formación en habilidades que reciben se desarrolla fuera del horario laboral, en varias sesiones, a partir de las 19:00h y hasta las 22:00 o 22:30h. A pesar de las quejas por ese horario tan inadecuado y tras manifestar que, después de una dura jornada de trabajo, llegan tremendamente cansados y, muchas veces, con muy pocas ganas de participar activamente, recibieron la lacónica respuesta: “En estos tiempos que corren no podemos permitirnos dejar de facturar, por lo que si estáis de acuerdo con este horario perfecto y, si no, es que no sois merecedores del esfuerzo que estamos haciendo”.

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