Reflexiones para después de una pandemia

Todavía no sabemos cuándo saldremos de este largo e inesperado confinamiento e iremos, ya sabemos que paulatinamente, recobrando las vidas que hemos mantenido “secuestradas” durante estas semanas. Pero sí podemos preguntarnos ¿qué podríamos conseguir entre todos si tuviéramos confianza en nuestras ideas y pusiéramos todo nuestro empeño, compromiso y energía en llevarlas a cabo?

Esta pregunta, que, probablemente también ronde en muchas otras cabezas, me ha llevado, en estos días de confinamiento y tranquilidad, a pensar en una serie de propuestas, basadas en el sentido común (y en opiniones de expertos y gente de todo tipo) que, sucintamente, se exponen a continuación. Por tanto, lector, no busques argumentos de experto, si no, más bien, referencias para que puedas desarrollar las tuyas y determinar cómo puedes contribuir a cambiar nuestro modelo de sociedad y modo de vivir para afrontar nuestros actos cotidianos de mejor manera.

1 – Cambio en profundidad del modelo de país

Necesitamos realizar, formando equipos multidisciplinares de expertos que trabajen coordinadamente, una seria reflexión sobre qué país queremos construir para las generaciones futuras, con un acuerdo, una planificación y un compromiso de ejecución a medio y largo plazo, que nos convierta en un referente mundial. Debemos diseñar el modelo analizando todas las buenas prácticas de países que ya lo son para adaptarlas, mejorarlas y, por supuesto, crear propias, porque ese modelo potenciará el estado del bienestar, la equidad en el reparto de la riqueza y dictará las diferentes actuaciones sectoriales.

Estamos inmersos en plena revolución 4.0 y la mayoría del país todavía no se ha enterado. Hay que invertir los recursos necesarios, de manera continuada y sostenible, en reindustrializar el país, haciéndonos más fuertes y autosuficientes y diseñar servicios de mayor valor añadido, más competitivos, aprovechando al máximo las nuevas tecnologías Abandonar modelos obsoletos, como la construcción desaforada, el turismo de masas, la agricultura intensiva, las cadenas de suministro alargadas miles de kilómetros sin necesidad ninguna… Actuaciones todas ellas de corto recorrido y que solo atienden a criterios meramente mercantiles de beneficios inmediatos y no a necesidades reales. Pruebas evidentes demuestran que crean graves problemas y, a la larga, son insostenibles.

Hay que crear organismos, públicos y privados, eficientes, con trabajadores capaces, formados y comprometidos, diseñar una burocracia y una relación con la Administración y la Banca ágiles y eficientes para facilitarnos la vida y, fundamental, que los emprendedores puedan iniciar su actividad con el apoyo y la ayuda necesarios para que contribuyan al bien común.

Debemos concienciar a TODOS de la necesidad de contribuir, con nuestros impuestos, de forma proporcional a nuestros ingresos, y perseguir sin miramientos a los insolidarios defraudadores, que, en lugar de alinearse con los intereses del bien común, lo hacen con sus propias motivaciones, que, a menudo, se reducen a la codicia y la ambición. El mismo tipo de pensamiento y actuación que condujo al absoluto fracaso de gestión que causó la crisis de 2008, cuando, muchos bancos y empresas actuaron basándose exclusivamente en lo que estaba en juego para unos pocos a corto plazo. No pensaron en lo que sería beneficioso para todo el mundo o en limitar el daño para el resto.

No se puede fallar. Entusiasmo y talento para ello nos sobra.

2 – Sistema educativo

Desde el reinicio de la democracia, éste ha sido uno de los grandes caballos de batalla, donde se ha demostrado la falta de ambición, la ineptitud y la cobardía de tantos y tantos gobiernos. Sin excepción de ideologías y ámbitos geográficos, por su obcecación y el aprovechamiento para fines muy cortos de miras, en el mundo globalizado y altamente tecnológico en que vivimos. Ninguna de las siete grandes leyes promulgadas en estos años (de la LGE a la LOMCE) ha conseguido, por carencia de visión de futuro y persistir en planteamientos ideológicos, sectarios y necios, que dispongamos del modelo que nos convierta en un país formado y preparado para aportar valor a la sociedad y competir, en igualdad de oportunidades, con nuestros referentes exteriores.

No solo hay que reformar la orientación, los contenidos y los medios. También hay que analizar la idoneidad y capacitación de los centros y el profesorado para potenciar su labor y sustituir a los que se demuestre que no están por la labor. Es muy significativo que un gran porcentaje de sus alumnos, nativos digitales, utilicen intensivamente elementos tecnológicos y muchos de sus maestros y profesores apenas los conozcan y no sean capaces de realizar con ellos su actividad docente y paliar la actual no asistencia a clase.

Y, por si alguien lo duda, no es una cuestión de dinero, con los recursos actuales sería suficiente, sino de interés y compromiso, como expertos de la talla de José Antonio Marina han puesto sobre la mesa. Dejémoslos trabajar, sin trabas, y que nos propongan el modelo que necesitamos.

3 – Nueva distribución poblacional

España es un país en el que, desde hace décadas, el 70% de la población vive en grandes áreas urbanas. No cabe duda de que éstas permiten, cuando están bien planificadas y gestionadas, ser más eficientes que los núcleos pequeños y dispersos, permitiendo un mejor aprovechamiento de los recursos. Pero, sobre todo teniendo en cuenta que estamos muy lejos de ese punto óptimo, debemos replantearnos el modelo y hacer una distribución más racional de la población y de los recursos para sustentarse.

Disponemos de una buena red de carreteras, siempre mejorable, y potenciando la infraestructura ferroviaria para el transporte de mercancías y las telecomunicaciones (debatiendo si fibra óptica, 5G o lo que venga), conseguiríamos que casi cualquier punto de nuestra geografía fuera idóneo para que se asentasen centros de trabajo, tanto industriales, de investigación o de servicios. Esto permitiría vivir en poblaciones más pequeñas, revitalizando la actividad y la riqueza de muchas de las ya existentes y aumentado la calidad de vida de la población. Reduciríamos los problemas de las grandes poblaciones y revertiríamos los de la España vaciada, logrando un modelo distributivo más racional.

4 – Multiplicación de la investigación

En la actualidad un país que no convierte la investigación, tanto básica como aplicada, en algo prioritario está condenado a ser un país dependiente y de segundo orden.

Contamos con un número suficiente de investigadores que, salvo excepciones, nunca han sido bien tratados: no se les ha proporcionado la estabilidad necesaria para llevar a cabo eficientemente su labor y se los ha obligado a emigrar y a poner su talento, y la inversión realizada en su formación, al servicio de otros países.

Si queremos ser un país moderno y competitivo, la investigación tiene que disponer de forma estable del porcentaje adecuado de inversión en los presupuestos generales del Estado. Porque, además, esta partida se considera esencial a la hora de aprovechar la revolución tecnológica y del conocimiento ya en marcha. Actualmente es un 1,20% del PIB, muy lejos del 2,07 de media de la UE o el 2,7 de Francia o el 3% de Alemania.

Tampoco se debe dejar de lado el control necesario para que lo reciban quienes la realizan de verdad y no los pícaros que disfrazan otras actividades como si lo fuera.

5 – Revisión del modelo y del gasto sanitario

Todo lo dicho en el punto anterior valdría para este. Creíamos, y lo parecía, que nuestro sistema sanitario era uno de los mejores. La evidencia ha demostrado que estaba sujeto con alfileres y que las largas listas de espera no eran más que una pequeña muestra de su oculta debilidad. La anterior crisis, y una miopía política evidente, fueron mermando los presupuestos, privatizando los recursos y reduciendo plantillas, probablemente la disparidad autonómica tampoco ayudó (En 2012 el Servicio Madrileño de Salud tenía 15.531 camas funcionando, en 2018 eran 12.565), lo que llevó a la actual situación conocida por todos: saturación, impotencia y precariedad, solo paliada con el esfuerzo titánico de su personal.

Está claro que nuestro “envidiable” sistema también necesita una revisión de su modelo, en el que, por lógica, deberán realizarse profundos cambios y mejoras. Y aquí las nuevas tecnologías también tienen mucho que aportar: IA, manejo y análisis masivo de datos (big data)…

No me cabe ninguna duda de que sus sufridos profesionales lo están deseando y contribuirán intensa e inteligentemente a ello.

6 – Respeto extremo por el medio ambiente

Todos estamos sufriendo las consecuencias del deterioro del medio ambiente: numerosas personas mueren al año, directa o indirectamente, por su causa y otros muchos miles ven afectada, de diferentes modos, su calidad de vida. Hemos cometido un error tremendo: sacrificarlo en aras de un desarrollismo injustificado e innecesario, creyendo que no era posible hacerlo de otro modo. La tan insensata normalización que nos deja tranquilos y hace que pensemos en otras cosas, como si el deterioro fuera inevitable.

Debemos tener muy en cuenta que España será uno de los grandes damnificados del cambio climático, con un sensible aumento de las temperaturas, de la desertización y una gran pérdida de litoral.

Los delitos medioambientales deben ser perseguidos rigurosamente. No podemos admitir, el planeta no lo merece, que desaprensivos quemen bosques, agoten acuíferos, contaminen el entorno… Los que los cometen deben pagar por ello y subsanar, con todos sus recursos, presentes y futuros, el daño causado.

Confiemos que la recién surgida iniciativa de una gran alianza europea para defender una salida verde a la crisis económica del coronavirus  sea el inicio de un gran movimiento, a todos los niveles, que cambie, definitivamente, el actual modelo.

7 – Nuevos modelos de relaciones laborales

Otro caballo de batalla que, además, ha ensanchado las diferencias entre sociedad, patronal y sindicatos. El obsoleto sistema actual no está, de ninguna manera, preparado para abordar los retos a enfrentar. Hemos visto que el resultado conseguido es un aumento del empleo precario, de la economía sumergida y una frustrante falta de expectativas, especialmente para los jóvenes. ¡Parece mentira que tanta gente implicada en su desarrollo no haya sido capaz de algo mejor! ¡Con lo que hay en juego!

Las nuevas tecnologías permiten nuevas formas de trabajar (teletrabajo, por proyectos, compartido, distribuido…), horarios flexibles y adaptables a la conciliación y a las necesidades de todas las partes, y todo lo que la imaginación posibilite, para llevar a cabo el trabajo de manera más eficiente y productiva posible.

Hay que flexibilizar y dinamizar las relaciones laborales y potenciar al máximo la capacitación y la formación continuas, basándolas en negociación, compromiso, confianza y productividad. Tan importante es la parte contratante como la contratada y, ambas, deben afrontarse en igualdad de derechos y deberes.

El nuevo escenario permitiría importantes reducciones en los costes, las empresas necesitarían instalaciones más pequeñas y económicas y dispondrían siempre, en tiempo y lugar, de la estructura adecuada; en los salarios, los ahorros posibilitarían aumentarlos, potenciando el ciclo económico gasto-ahorro-inversión; en la vinculación y movilidad de los trabajadores, al aumentar su motivación, responsabilidad y compromiso; en la sociedad, un menor movimiento de personas reduciría el impacto en el medio ambiente y permitiría una distribución racional de la población en activo.

8 – Política y transición energéticas

Somos el país del sol y seguimos dependiendo fundamentalmente de los combustibles fósiles, petróleo, gas, incluso todavía del carbón, para generar la mayoría de la energía que consumimos. ¡Con lo que aumenta nuestra factura energética!

Que países con este recurso limitado hayan conseguido un mayor aprovechamiento de esta fuente de energía (y de la eólica, la geotérmica, la mareomotriz…) es difícilmente explicable y sostenible. Los hogares y un gran número de empresas deben ser autosuficientes y no depender de energías contaminantes.

El modelo de transporte (terrestre, naval y aéreo), de mercancías y de personas, necesita un profundo replanteamiento para lograr la máxima eficiencia y la menor huella de carbono posible.

9 – Reforma y nuevo enfoque del sector primario

Semanas antes del estallido de esta crisis, los agricultores y ganaderos salían masivamente a la calle para protestar por los bajos precios de sus productos que, en algunos casos, llevaban décadas sin subir, cuando los costes de explotación no han dejado de hacerlo.

La gestión debe ser sostenible y consecuente con el medio ambiente. Se acabaron los usos abusivos del agua, de pesticidas y de fertilizantes. Cada zona tiene que saber y poder adaptarse a los tipos de cultivo que puede soportar y que el mercado puede asumir.

Las subvenciones deben desaparecer y los precios deben ser justos y tener en cuenta los costes de producción y el razonable beneficio de los productores.

El consumo estacional y de proximidad debe acabar con las absurdas importaciones de otros países, con las largas cadenas de distribución y  su consecuente huella de carbono y con las producciones descontroladas (mano de obra precaria, incluso infantil, utilización de fertilizantes y pesticidas no ecológicos…).

10 – Cambio de hábitos de consumo y uso de los recursos

Aquí, seguramente, está una de las claves de algunos de los puntos anteriores. Nuestros hábitos de consumo, que también han abandonado la racionalidad, la proximidad y la estacionalidad, se han ido convirtiendo en insostenibles por insensatos y negativos para el medio ambiente, la salud y nuestro bienestar futuro. No tiene sentido consumir productos que recorren medio mundo hasta nosotros, cuando tenemos alternativas cercanas o renovar productos solo movidos por afán consumista, apariencias o modas.

Hay que abandonar el uso de plásticos, los artículos de un solo uso y la cantidad ingente de envases innecesarios. Hay que volver a la reutilización, el alargamiento de la vida de los productos y, cuando la cadena de utilización se agote, obligar a que todo se recicle. Nuestros hábitos deben seguir un esquema de economía circular.

Nadie duda de que Internet nos ha facilitado mucho las cosas, aunque, lamentablemente, no siempre para bien. La uniformidad cada vez es mayor y la supremacía de unas pocas empresas ha aumentado alarmantemente y depredado, sin apenas posibilidad de competencia, al pequeño comercio. Esto ha enriquecido a esas pocas empresas, que, con prácticas muy poco éticas, no siempre pagan en el destino los impuestos de los beneficios que generan, fomentando el fraude fiscal y la existencia de verdaderos paraísos fiscales.

Y, muchos, hemos entrado al trapo, considerando solo nuestro estatus, comodidad y bolsillo, sin pararnos a pensar en las consecuencias.

11 – Nuevo modelo para el cuidado de nuestros ancianos

No puedo dejar de mentar este asunto, cuyas posibles soluciones dejo para los que lo conocen. Seguro que, hoy, muy pocos dudan, viendo la enorme mortandad causada y las numerosas quejas registradas, de que este sector necesita una revisión y un cambio de normas y protocolos.

Es indigno que a las generaciones que han contribuido a levantar y consolidar este país no se les brinde la mejor atención posible en el ocaso de sus vidas.

Por supuesto, quedan pendientes muchos otros temas: justicia, cultura, ocio, deporte, vivienda, funcionariado…, cuya reflexión también dejo en manos de personas expertas y mejor informadas.

Hay que romper la dinámica del conformismo social,  asumido y presentado a los ojos de todos  como una actitud responsable. Un comportamiento que busca paralizar la acción colectiva y desarmar el pensamiento crítico. Porque el reto ya está aquí, realmente siempre lo estuvo, y TODOS somos importantes para abordarlo y conseguir un mundo mejor para nuestra generación, y las futuras.

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Publicado el 15 abril, 2020 en Acción social, Cambio, Crisis, Economía, Educación, Indignación y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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