El aprendizaje y la formación son para toda la vida

Los analfabetos del siglo XXI no serán quienes no sepan leer o escribir, sino los que no sean capaces de aprender, desaprender y reaprender” (Alvin Tofler)

Desde hace ya unos cuantos años formulo reiteradamente una pregunta a las personas con las que tengo la suerte de interactuar en mi actividad formativa: ¿cuánto tiempo y esfuerzo dedicáis a seguir formándoos? Obviamente, las respuestas son muy variadas pero, sorprendentemente, un porcentaje significativo, superior al 35%, responden, sin dudarlo, ninguno. Muchos menos, no más del 15%, tienen claro que ésta es una actividad crítica para su empleabilidad, y para su vida, y que, además, porque el entorno evoluciona cada vez más deprisa, lo es para toda la vida.

Y ahí radica la cuestión. El aprendizaje y la formación, realizados de modo sistemático, voluntario y electivo, son actividades permanentes para toda la vida (lifelong learning en inglés) y hay que integrarlas, como elementos importantes, en nuestro patrón conductual. Hacen referencia a la educación que se cursa posteriormente de los grados académicos y comprenden todas las actividades de aprendizaje para aumentar el conocimiento y mejorar cualquier competencia que permita y potencie el desarrollo personal, profesional y la empleabilidad. En definitiva, significa que se puede aprender siempre y en todas partes, lo que supone mantener una actitud receptiva hacia nuevos aprendizajes.

Debemos tener muy presente que, como ya hemos comentado en otros artículos, estamos inmersos en plena cuarta revolución industrial, también llamada 4.0 (algunos incluso hablan ya de la 5.0) y que, como ya sucedió en las precedentes, muchos de los actuales puestos de trabajo desaparecerán. Y, a lo peor, aunque nunca se sabe, el nuestro es uno de ellos. Pero, a la vez, posibilitará la creación de muchos nuevos. Se estima que el 65% de los niños que hoy acceden a la educación primaria tendrán puestos de trabajo de nueva creación, por lo que debemos estar muy atentos a cómo evoluciona el mercado laboral para dar, si es posible, un nuevo enfoque a nuestra actividad o capacitarnos para ocupar uno de los de nueva creación.

Autores como Peter Fisk ya reclaman unaeducación 4.0 para una industria 4.0que, incorporada en todos los niveles educativos, se base en:

  1. La posibilidad de aprender en diferentes momentos y lugares.
  2. Aprender de modo personalizado, con herramientas y procesos que se adapten a las capacidades de cada persona.
  3. Aprender a partir de proyectos para aplicar habilidades a corto plazo y en situaciones de alta variabilidad.
  4. Obtener, por inmersión, habilidades representativas del mundo real.
  5. Interpretar los resultados del análisis de datos automatizado.
  6. Evaluar sobre proyectos y experiencia de campo.
  7. La participación activa del estudiante en la definición de su CV.
  8. El papel central del tutor y/o mentor para que la independencia y libertad del estudiante sean claves en su proceso de aprendizaje.

Actitud y hábito personales

Efectivamente, el aprendizaje y la formación permanentes deben convertirse en un hábito. Porque, si no es así, trasmitimos la sensación de que ya lo sabemos todo (o peor, que no tenemos ningún interés en progresar) y de que el único aprendizaje necesario es el que se produce en la práctica de nuestra actividad profesional que, siendo importante, es insuficiente y nos acerca, inexorablemente, a la obsolescencia. Y en parte, como sucede con los productos industriales, será programada, al no hacer nada para que no se produzca, aunque no siempre del todo consciente.

¿A dónde nos lleva esta actitud? Conozco a muchas personas que viven con una permanente angustia a perder su actual puesto de trabajo porque están convencidas de que, si sucede, tendrán muy pocas posibilidades de encontrar otro con contenido y retribución similares. Todos sabemos que existe una tendencia muy generalizada a deshacerse de empleados considerados caros para ocupar sus posiciones con personal más barato. Y esto sucede, en gran parte, porque sus actuales ocupantes, que probablemente solo hacen bien su trabajo, aportan muy poco o ningún valor añadido a su actividad. Esta situación ya de por sí debería ser suficiente acicate para motivar a esas personas a no conformarse y ser cada día mejores y más competitivas por su gran aportación.

Las posibilidades disponibles actualmente en materia de formación, sobre todo de la mano de Internet, son tan amplias y variadas que ya no hay disculpas para no mantenerse actualizado o dar un giro a nuestras vidas. 

Debemos dejar de lado el miedo paralizante, que no sirve para nada, y ser conscientes de que tenemos una tremenda capacidad de aprender, desaprender y reinventarnos. Pero que las ejerzamos o no es una decisión que solo podemos tomar nosotros. Hay que atreverse a romper los corsés mentales, y de otros tipos, que todos fabricamos, no permitir que nadie nos niegue la posibilidad, abrir nuestras mentes al fascinante momento en que vivimos y aportar en su construcción, sin consentir que nos deje fuera y nos convierta en sus víctimas.

Otros jugadores implicados

Ahora bien, ante las nuevas necesidades de formación de un mundo en constante y rápido cambio, debemos preguntarnos si el aprendizaje para toda la vida pertenece solo al ámbito de decisión personal o si las políticas educativas, las instituciones académicas… también deben jugar un papel fundamental.

Consensuar políticas educativas inteligentes y de futuro

Parece claro que sin una política educativa inteligente y con visión de futuro, en este país somos expertos en no consensuar un modelo perdurable y adaptado a las necesidades económicas y sociales, que mire mucho más allá del ámbito de la formación universitaria y promueva y facilite que cualquier persona adulta pueda seguir formándose en las mejores condiciones nunca seremos un país competitivo ni en el mundo digital ni en biotecnología ni en inteligencia artificial ni en ningún otro campo.

Hay que abandonar el obsoleto modelo de desentenderse de los estudiantes cuando salen de la universidad, ya que el proceso de aprendizaje debe ser continuo para que la educación alcance su máximo valor. Por eso The Economist considera que la formación permanente es un “imperativo económico”.

Es una lástima ver como una parte importante de nuestros mejores profesionales, formados, al menos en parte, con recursos nacionales, ocupan puestos de importancia en instituciones internacionales de prestigio porque, en la mayoría de los casos, aquí no dispusieron de oportunidades.

Mayor implicación del sector educativo

Muchos estudiantes, jóvenes y adultos, han perdido la confianza en el sector educativo y en el valor de las titulaciones universitarias a la hora de salir al mercado de trabajo, debido a la desconexión entre el coste de la educación superior, la escasa orientación laboral de sus programas, muchos siguen anclados en caducos modelos y contenidos, y la valía del profesorado, colectivo donde coexisten brillantes profesionales con mediocres y nefastos.

Por tanto, la prioridad número uno es que los programas educativos garanticen la salida profesional de los estudiantes, jóvenes y adultos, y sus carreras profesionales. Y las instituciones académicas y sus profesores juegan un papel fundamental en su diseño, que debe hacerse en estrecha colaboración con el tejido empresarial.

Para desarrollar el hábito del aprendizaje permanente, según un artículo de Harvard Business Review, es necesario articular los resultados que se quieren lograr, establecer objetivos realistas, desarrollar una comunidad de aprendizaje, eliminar las distracciones y usar tecnología para complementar la enseñanza.

El aprendizaje permanente implica que el alumno regresa a estudiar en varias ocasiones para seguir formándose y que su motivación, como ya comentamos, no suele tener relación con la que tenía a los 18 años. La cuestión es si el sector educativo está preparado para dar respuesta a esa demanda de formación.

Debemos tener muy en cuenta que a las empresas les importan mucho las capacidades profesionales y la voluntad de seguir aprendiendo. Quieren que en los centros educativos los estudiantes, además de las materias concretas, aprendan a comunicarse, escribir, liderar, innovar, manejar tecnología, datos… En definitiva, a ser mejores profesionales y personas. Porque estamos inmersos en un mundo en el que los problemas que se plantean tienen que verse desde diferentes ópticas y resolverse de forma multidisciplinar.

Compromiso empresarial

Para seguir siendo competitivos, y brindar a los trabajadores, de bajo y alto nivel de especialización por igual, la mejor posibilidad de éxito, las empresas deben ofrecer capacitación y educación enfocada a la carrera profesional a lo largo de la vida laboral de las personas. Esto para muchas empresas en una obviedad. O al menos eso dicen. Pero, tras conocer ya unas cuantas, sigo pensando que es más una declaración de intenciones que una realidad generalizada. Y, si no, como se explica el gran número de empresas que apenas utilizan los fondos de la Fundación Tripartita o, casi peor, los utilizan sin ningún criterio ni visión de futuro. Esto, además de una muestra de pésima gestión empresarial es un fraude a los trabajadores porque esos fondos, en parte, se nutren de una deducción en sus nóminas.

Las empresas deben establecer qué mapas competenciales y de conocimiento necesitan y dotarse de planes que permitan alcanzarlos. Esto, que durante mucho tiempo ha sido una aspiración, hoy es una absoluta necesidad. Cualquier empresa que no disponga de trabajadores con capacitación actualizada está condenada a desaparecer. Y no será que no están avisados. Como con la ley, su desconocimiento no exime de su cumplimiento.

Aumento de la presión social

Es muy fácil hablar del atraso en el que estamos inmersos que, como se ha visto con la crisis covid-19, todavía nos separa bastante de los países de referencia, y no ser capaces, entre todos, de crear un modelo que sirva para canalizar ordenadamente todos los esfuerzos y recursos. Como sociedad no podemos permitírnoslo y, como individuos, no podemos mirar hacia otro lado y caer en el reduccionismo de que no va a servir de nada o, peor aún, que lo hagan otros.

Hay que asociarse, presionar a nuestros políticos y exigir políticas con visión de futuro porque nos estamos jugando nuestro presente y el futuro de las próximas generaciones. Ya que muchos indicadores económicos y sociales no son halagüeños, que al menos la educación se convierta en una herramienta que nos abra las puertas de un mundo mejor, más responsable y comprometido, más preparado y respetuoso, tanto con los demás como con el entorno.

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Publicado el 22 julio, 2020 en Acción social, Aprendizaje, Cambio, Economía, Educación, Empresa y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 5 comentarios.

    • Ángel Álvarez

      Muchas gracias por tu valoración y por incluir este artículo en tu blog “Desde mi salón”.
      Aunque algunas de las opiniones incluidas hacen relación a España supongo que también serán válidas en Puerto Rico. Hay mucho que hacer en la formación permanente y todos debemos implicarnos.

      • Gracias a usted por formar

      • Ángel Álvarez

        Creo que, en la medida de nuestras posibilidades, debemos hacerlo siempre que podamos. Si hubiese más cultura y educación en el mundo, mucha gente evitaría creer a tantos mentirosos manipuladores que aprovechan la web para expandir sus prejuicios y mentiras.

  1. Pingback: El aprendizaje y la formación son para toda la vida — Medio en serio, medio en broma | Desde mi Salón

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