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Reflexiones sobre educación y creatividad
Los que seguís este blog ya sabéis lo que nos gusta aportar espacios de reflexión sobre la educación (sistema educativo) y sobre muchos de los aspectos que, en general, ni contempla ni estimula ni desarrolla. Uno de ellos es la creatividad que, a pesar de ser uno de los elementos esenciales y fundamentales que ha llevado a la humanidad a la posición que ocupa, curiosamente, se encuentra totalmente fuera de la mayoría de los programas escolares.
El emprendimiento debe ser un compromiso compartido
Según la RAE emprender es “acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro”. Es una manera de pensar y actuar, orientada hacia la creación de valor que beneficie al propio emprendedor, a la empresa, a la economía y, en último término, a la sociedad.
La deprimente situación económica actual, que ha generado cotas de desempleo desconocidas y unas condiciones laborales muy precarias, ha convertido al emprendimiento en prácticamente la única salida para muchas personas, fundamentalmente desempleados y jóvenes, que optan a lograr independencia y estabilidad económica iniciando sus propios negocios.
El emprendimiento requiere mucho valor, empuje, imaginación, positivismo, dinamismo, constancia y trabajo duro. Probablemente por ello es más fácil dejarse seducir por la “seguridad” que proporciona trabajar para el Estado o para una empresa privada, a ser posible una gran empresa. Según diferentes estudios (Proyecto GEM, Entrepreneurship Survey of the EU25, Flash Eurobarometer) para nueve de cada diez estudiantes universitarios la opción de convertirse en empresario es la última, por detrás de trabajar por cuenta ajena y de hacerlo para el Estado. Además, incluso entre quienes prefieren la iniciativa emprendedora parece registrarse un mayor interés en la autonomía y la independencia que en el proyecto empresarial. Esta marcada tendencia es un drama y una gran lacra para el desarrollo y sostenibilidad de la economía nacional.
Productividad, no presencia
Muchas empresas tienen la costumbre de alargar, artificial e innecesariamente, las jornadas laborales. Esta situación, para la gran mayoría de los que la sufren, es un auténtico suplicio, que no tiene justificación, y que hace cada vez más difícil la conciliación entre la vida personal y profesional.
Como últimamente numerosas personas asistentes a mis cursos me lo han propuesto como tema de conversación y debate, seguramente la crisis lo haya potenciado, quiero abordarlo, ordenando y resumiendo las numerosas opiniones escuchadas, pese a que haya sido objeto de análisis en numerosas ocasiones.



